jueves, 18 de enero de 2018

"La televisión no es un montaje"


Una valla publicitaria de Nixon/Agnew en 1968.


Hoy es habitual ver cómo las campañas lanzan a sus candidatos como si fueran productos de muestreo. The Selling of the President (La comercialización del Presidente) de Joe McGinniss fue uno de los primeros libros que puso el foco en ese aspecto de las campañas. McGinniss escribió la crónica de cómo Richard Nixon utilizó las técnicas publicitarias para vender su candidatura (la del Nuevo Nixon) a los votantes en las elecciones de 1968.

Un pasaje del trabajo de McGinniss en el que se habla de los infomerciales con forma de town-hall meeting simulado que utilizó Nixon en su campaña:

"Una de las cosas valiosas de esta idea, desde un punto de vista electoral, era que cada programa sería visto solo por las personas que vivían en ese estado o región en particular. Esto significaba que daba igual si la declaración de Nixon -porque realmente no eran respuestas- era idéntica, frase por frase, gesto por gesto, de un estado a otro. Solo se aburriría la prensa, y ya habían dado por perdida a la prensa. Así que Nixon podía sacar adelante la campaña con una docena de respuestas cuidadosamente redactadas que cubrían todos los problemas de América en 1968.

"Y, para ser exactos, tampoco importaba si la respuesta variaba -en los matices- de un estado a otro. Nadie, salvo que viajara mucho, escucharía más que la declaración diseñada para él. De modo que, una pregunta sobre la ley y el orden podía provocar una respuesta en Nueva Inglaterra y otra ligeramente diferente en el Sur. Nada demasiado grande como para salir en los titulares, solo un giro sutil o la presencia o ausencia de un ceño fruncido o un gesto mientras pronunciaba alguna frase. Esto era la nueva política para Frank Shakespeare. E hizo todo lo que pudo por asegurarse de que la definición de Richard Nixon fuera la misma.

"Roger Ailes, el productor ejecutivo de 'The Mike Douglas Show', fue contratado para producir los programas de una hora. Ailes tenía veintiocho años. Había empezado como utillero en el programa de Douglas en 1965 y en tres años lo estaba dirigiendo. Era bueno. Cuando se fue, la audiencia de Douglas se desplomó. Pero no todos los que se cruzaron en su camino seguían siendo sus amigos. Ni siquiera Douglas.

"Richard Nixon había sido uno de los invitados del programa en otoño de 1967. Mientras esperaba para salir, empezó a conversar con Roger Ailes.

""Es una vergüenza que un hombre tenga que utilizar estos montajes para ser elegido", dijo Nixon.

""La televisión no es un montaje", dijo Ailes.

"A Richard Nixon le gustó esa forma de pensar. Le dijo a Len Garment que contratase a ese hombre.

"Ailes fue enviado a Chicago tres días antes de que Nixon iniciara la campaña de otoño [de 1968]. Tenía instrucciones de seleccionar un panel de personas que hicieran preguntas y diseñar un plató. Pero el día del programa, solo seis horas antes de que arrancara, Ailes estaba teniendo problemas.

""Esos estúpidos bastardos de escenografía han puesto cortinas turquesa en el fondo. Nixon no se vería bien salvo que llevara una cartera". Ailes ordenó quitar las cortinas y sustituirlas por tres sencillos, casi austeros, tableros de madera. "La madera tiene gamas limpias, sólidas y masculinas", dijo.

"Su mayor problema era el panel. Shakespeare, Treleaven y Garment sentían que era esencial tener un grupo "equilibrado". En primer lugar, esto significaba un negro. Un negro. No dos. Dos era ofensivo para los blancos, tal vez también para los negros. Dos era demasiado arriesgado. Uno era necesario y seguro. Un catorce por ciento de la población aplicado a un panel de seis o siete miembros equivalía a uno. Aunque en Texas sería delicado. ¿Tienes a un negro y a un mexicano-americano, o si no, a cuál de ellos?

"Aparte del negro, el panel del primer programa incluía un abogado judío, el presidente de un grupo polaco-húngaro, una ama de casa suburbana, un hombre de negocios, un representante de la clase media baja blanca y, para darle verosimilitud, dos periodistas: uno de Chicago y otro de Maine.

"Así estaba bien, dijo Roger Ailes. Pero entonces alguien llamó de Nueva York e insistió en que añadiera un granjero. Un granjero, ¡por el amor de Dios! Roger Ailes había nacido en Ohio, pero aun así sabía que uno no quiere tener a un granjero en un programa de televisión. Todo lo que hacían era hacer preguntas complicadas sobre cosas como los precios de paridad, que nadie más entendía o a nadie más le importaban. Incluido Richard Nixon. Nombraría un secretario de Agricultura cuando ganase, sí, ¿pero por qué hablar con los granjeros en directo en la televisión durante la campaña?

"Además, el granjero elevaba el número de panelistas a ocho, lo que a Ailes le parecía demasiado. A Nixon le resultaría imposible establecer relaciones interpersonales con ocho personas diferentes en una hora. Y las relaciones interpersonales eran la clave del éxito.

""Ese es el problema de que todas estas personas de la política se entrometan", dijo Ailes. "Bien, ellos consiguen que todos sus patéticos pequeños grupos estén representados, pero nosotros terminamos haciendo una gilipollez de programa".

"Iba a haber público en el plató -trescientas personas- reclutado por la organización republicana local. Con suficientes negros para que la prensa no pudiera escribir historias sobre "todo blancos" pero no los bastantes para que no pareciera calculado. Por supuesto, el público aplaudiría cada respuesta que Nixon diera, estimulando su confianza y dando al espectador la impresión de que definitivamente Nixon tenía carisma y cualquier otra cualidad que quisieran en su Presidente".

Se puede leer el libro aquí.

Os estoy dejando buenas lecturas para los próximos meses. ¡Os quejaréis!

No hay comentarios:

Publicar un comentario