jueves, 21 de febrero de 2019

El Presidente en la cumbre (II): SALT II y el Papa del Este

18 de junio de 1979. El Presidente Jimmy Carter y el líder soviético Leónidas Breznev firman en el palacio imperial de Viena, Austria un acuerdo que limita la producción de misiles balísticos intercontinentales de las dos superpotencias. Carter y Breznev sellan el acuerdo con dos besos en la mejilla. El SALT II ha sido negociado durante siete años por tres administraciones diferentes (Nixon, Ford y Carter) como tratado que debe sustituir a los acuerdos de Moscú (1972). Éstos caducaron en 1977 y fueron prorrogados provisionalmente por la administración Carter. La vigencia del nuevo tratado es de cinco años, pero el renovado afán expansionista de los soviéticos, que se evidenciará a finales de 1979 con la invasión de Afganistán, hará que el Senado de EEUU se niegue a ratificarlo.



"Estampando nuestras firmas en este tratado, ponemos a nuestras naciones en un rumbo más seguro. Hemos trabajado mucho para hacer del SALT II un mapa seguro y útil para nuestro futuro. Comprometámonos ahora, todos juntos, a utilizar este tratado dando continuidad a nuestro camino a la paz", declara el Presidente americano después de la firma.




6 de octubre de 1979. A pesar de que EEUU y el Vaticano no tienen relaciones diplomáticas formales desde 1867 (se reestablecerán en 1984), el Presidente Carter recibe al Papa Juan Pablo II en la Casa Blanca con honores de jefe de estado. Nunca antes un Papa ha visitado la Casa Blanca. Se trata de "un acontecimiento que habría sido inconcebible en la política estadounidense hace solo dos décadas", puede leerse en la revista Time. El espectacular éxito de masas del Papa en su gira por EEUU (conquista Harlem y congrega a millón y medio de católicos en una misa en el downtown de Chicago, la mayor manifestación en la historia de la ciudad del viento) así como el origen polaco compartido del Santo Padre y del principal asesor del Presidente en política exterior, Zbignew Brzezinski, facilitan el acercamiento.

Carter y Wojtyla se reúnen en privado en el Despacho Oval (hablan de desarme, derechos humanos y la situación en Europa del Este) antes de salir al Jardín Sur, donde entre los ilustres invitados llama la atención la ausencia de Ted Kennedy. El político católico de Massachusetts, que ultima una candidatura para disputarle la nominación presidencial demócrata a Carter, declina la invitación de la Casa Blanca y prefiere encontrarse con el sumo pontífice en el aeropuerto de Boston.

Semanas antes de que una sucesión de acontecimientos mundiales (revolución islámica en Irán e invasión soviética de Afganistán) hagan saltar por los aires la estrategia de distensión, el Presidente emplea su intervención pública ante el Papa para asociar la agenda de la Iglesia Católica con sus prioridades en política exterior (derechos humanos y control de armas). "Compartimos la responsabilidad de aprovechar otra oportunidad: en un mundo repleto de armas no puede haber una pasión humana más urgente que llevar y ganar la lucha por la paz", dice. "Debemos concluir con éxito nuestros acuerdos sobre armamento nuclear".

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