martes, 24 de octubre de 2017

"El discurso de los 90,000 millones"

26 de septiembre de 1975. El ex Gobernador de California Ronald Reagan visita Chicago mientras explora la posibilidad de desafiar al Presidente Gerald Ford en las primarias republicanas de 1976.


Reagan asegura en rueda de prensa que
todavía no ha tomado la decisión de presentarse a las elecciones. En realidad sí la ha tomado y las únicas tensiones que hay en su equipo tienen que ver con la fecha del anuncio; algunos quieren que lo anuncie cuanto antes y otros, entre los que se encuentra el propio Reagan, prefieren que espere hasta finales de noviembre.


Lo que sí aclara el potencial candidato es que
no tiene miedo a posibles atentados contra su vida después de los dos intentos de asesinato sufridos por el Presidente Ford en un espacio de tiempo de menos de tres semanas.


"No puedes vivir asustado. Si confías en los encargados de tu protección, no piensas mucho en ello y te dedicas a tus asuntos"
, declara Reagan.


El antiguo actor de cine y televisión convertido en político conservador pronuncia un discurso titulado "Dejemos que el pueblo gobierne" en el Club Ejecutivo de Chicago, un club de ejecutivos de empresas de la ciudad del viento. Propone
recortar el gasto federal en 90,000 millones de dólares, equilibrar el presupuesto y bajar el impuesto sobre la renta de las personas físicas en un 23 por ciento. Explica que se ahorrará dinero transfiriendo 24 programas federales a los estados ("Nada menos que una sistemática transferencia de autoridad y recursos a los estados", dice) que incluye "las prestaciones sociales, la educación, la vivienda, los cupones para alimentos, el Medicaid, el desarrollo comunitario regional y el reparto de ganacias por mencionar solo algunos".


La propuesta, idea de
Jeffrey Bell, un lobista de la Unión Conservadora Americana que asesora a Reagan en la planificación de su campaña, pasará desapercibida en un primer momento por poco realista. Solo Joel Weisman, corresponsal de The Washington Post en Chicago incluirá una mención al plan en su crónica. Nadie se fijará hasta que el espabilado consultor republicano Stuart Spencer, el hombre que dirigió las campañas de Reagan a gobernador de California en 1966 y 1970, se haga cargo de la campaña presidencial de Ford.


Spencer se dará cuenta de que el plan es material sólido para socavar a Reagan en el estado que más aversión siente por los impuestos y que es, casualmente, el primero en votar en las primarias:
New Hampshire. Los investigadores de Spencer estimarán que la transferencia de programas a los estados, junto con su financiación, obligaría a los estados a subir los impuestos. En los siguientes meses, la campaña de Ford convertirá el discurso, que pasará a conocerse como "El discurso de los 90,000 millones de dólares" por lo caro que le saldrá políticamente a Reagan, en la pieza principal de su estrategia en New Hampshire, donde sus habitantes viven felices sin impuesto sobre la renta y sin impuesto al valor añadido y desconfían de cualquier plan que ponga eso en riesgo.


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