miércoles, 11 de octubre de 2017

Macomb y la vuelta a los felices años cincuenta

El 5 de julio de 1984, un día después del Día de la Independencia, el Presidente Ronald Reagan visita un centro tecnológico de General Motors en Warren, la principal ciudad del condado de Macomb, en Michigan.


El electorado de Macomb destaca por su uniformidad en lo demográfico. "No tiene barrios bajos ni barrios pijos", pormenoriza The New York Times. "La mayoría de sus residentes (es el tercer condado más populoso del estado) trabajan en la industria del automóvil como encargados de bajo nivel y trabajadores expertos. Muchos son de ascendencia de Europa del Este o italiana, y la población negra supone solo el 1.3 por ciento".


El candidato republicano a la reelección quiere indicar con su presencia que, a pesar de que la maquinaria de la central sindical AFL-CIO está trabajando a destajo para ayudar a su rival demócrata, Walter Mondale, él está dispuesto a competir por ganar
el voto de la clase obrera. En 1980, Reagan se llevó el 45 por ciento del voto obrero a nivel nacional, y las encuestas indican que su apoyo en esa franja del electorado ha vuelto a los niveles de entonces después de haber caído peligrosamente durante la recesión de 1981-1982.


El Presidente describe a General Motors, que intenta encontrar nuevas maneras de fabricas automóviles, como
una "mirada al futuro".


"Sabéis que Mark Twain, a quien todos conocemos, fue dado por muerto una vez. Y respondió declarando que su muerte se había exagerado. No puedo evitar acordarme de algunas personas que han estado descartando a esta industria y anunciando su desaparición. Estoy seguro de que va a demostrarse que están equivocados como los que pregonaban que iban a enterrar a Mark Twain", declara Reagan en un encuentro con el personal de la planta.


"Vuestra visión y confianza son cruciales para que América pueda encarar los desafíos de los años ochenta y mantenerse próspera. Muchos de nosotros recordamos cuando las empresas americanas salieron intactas de la guerra y eran los indiscutidos líderes del mundo. Pero aquel tiempo se terminó. El gobierno, la industria y los sindicatos están operando bajo unas reglas diferentes en un mundo mucho más competitivo. Y todos tenemos que hacerlo mejor si queremos seguir siendo una fuerza industrial y económica como la que hemos sido. Pero he visto suficiente para saber que no tengo que deciros eso. Ya lo estáis haciendo. Ya estáis trabajando juntos.


"Con el concepto Saturno, como he visto, la General Motors se está dirigiendo hacia el futuro no solo con la idea de sobrevivir, sino con la idea de triunfar, y esa es la actitud que deberían tener todas las empresas americanas. Y creo que estamos viendo cada vez más ese espíritu brotar en todo nuestro país".


Reagan menciona su pertenencia a un sindicato (el sindicato de actores de la pantalla), que es un caso único entre los 39 hombres que han ocupado la Presidencia de los Estados Unidos hasta ese momento.


"Siempre he tenido fe en que la empresa americana, trabajando en cooperación con los sindicatos americanos, puede ganar la competición. Y os digo que también hablo desde vuestro punto de vista; creo que soy el único miembro vitalicio de un sindicato que ha ocupado este cargo. Y fui seis veces presidente de mi sindicato", dice.




El Presidente vuelve al condado de Macomb en la recta final de la campaña del 84. Si en julio se presentó como un antiguo sindicalista que trabajó en una de las industrias más potentes de la nación, el 10 de octubre, en un mitin masivo en el community college de Warren se presenta como un antiguo demócrata que votó a FDR y a Truman.


¿Por qué lo hace? Porque Macomb está experimentando su misma transformación. "Hace solo diez años, el 57 por ciento de los votantes del condado se identificaban como demócratas, el 23 por ciento como republicanos y el 16 por ciento como independientes. Ahora hay un empate técnico en la identificación partidista; con el 43 por ciento considerándose demócratas y el 43 por ciento republicanos", señala The New York Times.


Reagan se dirige en ese suburbio de Detroit a los demócratas que se sienten desatendidos por un partido volcado con las minorías, las élites intelectuales y los votantes ideologizados:


"En las últimas semanas, he viajado por todo este país y he hablado con los americanos, que me han hecho preguntas. Y una de las cosas de las que he intentado hablar es de cómo la revolución de 1980 sigue abierta a la ayuda de los miembros de las bases del Partido Demócrata"
, dice Reagan. "Espero que haya muchos presentes hoy aquí. Yo mismo era uno de ellos. Y cuando hablo de Franklin Delano Roosevelt, Harry Truman o John F. Kennedy, mis adversarios pierden la cabeza. No pueden soportarlo. Por supuesto que no pueden, porque resalta cuánto se han alejado los líderes del Partido Demócrata de hoy de la fortaleza de la tradición política demócrata.


"Los demócratas de base buenos y decentes, los millones de demócratas patriotas no han cambiado. Como sus antiguos líderes, son lúcidos sobre el mundo. Tienen pocos delirios y se consideran a sí mismos americanos primero, no miembros de un grupo de interés especial.


"Cuando John Kennedy era Presidente, los demócratas no defendían un programa de mediocridad deprimente con interminables subidas de impuestos a aquellos que soñáis con días mejores. Él [JFK] retó a los americanos, como nosotros os estamos retando hoy, para hacer crecer a América y hacer grande a América con impuestos personales más bajos para todos los trabajadores americanos. Y había una gran similitud entre su programa de bajada de impuestos y el que nosotros implementamos en 1981.


"Pero los líderes del actual Partido Demócrata se han desplazado tan a la izquierda que han abandonado la normalidad. Ya no defienden lo que su gran partido defendió siempre. Y ese es un cambio triste; y yo no lo recibo con agrado, porque no es bueno para este país. Nosotros vemos las cosas como son, y por eso os pido a los demócratas que nos escuchéis, que consideréis si nosotros defendemos o no la justicia y la decencia que siempre os han importado. Os damos la bienvenida. Tenéis un hogar al que acudir. Estamos construyendo un nuevo partido de oportunidades de base popular. Necesitamos vuestra sangre nueva, vuestras ideas, vuestro entusiasmo y vuestra energía"
.




Reagan propone un regreso a los cincuenta


El mensaje de Reagan encierra claramente un llamamiento de 
'Volvamos a los felices años cincuenta', como Regreso al futuro de Robert Zemeckis (aquí, un podcast alucinante sobre una de vuestras películas favoritas), que un año después nos trasladará de la mano de Michae J. Fox (símbolo de un cambio de época) a un 1955 impregnado de ese optimismo cultural del todo es posible en América que está calando en los ochenta y que se había perdido en parte en los veinte años anteriores. Ese llamado a volver a una América arquetípica funciona especialmente bien en las comunidades mayoritariamente trabajadoras y mayoritariamente blancas que, como Macomb, se sintieron política y moralmente desorientadas en los años sesenta (segunda mitad de los sesenta) y setenta.


El lema de su campaña de reelección, "Bringing America Back" (
relanzar, recuperar o traer a América de vuelta) refleja su deseo de revertir o eliminar el pasado más reciente. Y el anuncio de televisión más destacado de su campaña, Amanece otra vez en América, parece un homenaje a los años cincuenta o, mejor dicho, a una visión idealizada de los años cincuenta. Las escenas del spot "encajarían sin costuras en las telecomedias de los años cincuenta 'Papá lo sabe todo' o 'Las desventuras de Beaver'", afirma The New York Times. "Una diferencia es que el anuncio está envuelto en colores pastel suaves similares a los utilizados en 'El mejor', la película de Robert Redford sobre béisbol estrenada el mismo año.


"Comenzando con la música de acordes sentimentales, las imágenes incluyen a un niño repartidor de periódicos en su bicicleta, una familia llevando una alfombra enrollada a una casa y campistas izando una bandera americana. El subtexto es que después de veinte años de tumulto social, asesinatos, disturbios, escándalos, una guerra impopular y colas para abastecerse de gasolina, Reagan ha devuelto a los Estados Unidos a la tranquilidad de los años cincuenta"
.


El propio Reagan ya advirtió de su intención de regresar al pasado en su mensaje a la nación en la víspera de las elecciones de 1980. "No hace mucho, emergimos de una guerra mundial. De vuelta a casa por fin, forjamos una gran prosperidad y grandes esperanzas a partir de nuestro éxito y abundancia para ayudar a otros menos afortunados. Nuestra paz era tensa y amarga, pero en aquellos días parecía que había un eje que permanecía siempre", dijo el entonces aspirante presidencial en un infomercial de media hora.


El autor David Sirota, un demócrata, nos explica cómo todo coincidió para hacernos sustituir las dudas de los sesenta y los setenta por la ingenua claridad de los ochenta/cincuenta(o veinte) en su recomendable libro Back to Our Future: How the 1980s Explain the World We Live in Now--Our Culture, Our Politics, Our Everything (Regreso a nuestro futuro: cómo explican los años ochenta el mundo en el que vivimos ahora, nuesta cultura, nuestra política, nuestro todo):


"En 1975, un Partido Demócrata alentado por los éxitos en derechos civiles, medioambiente, movimientos antiguerra... y el éxito electoral posterior al Watergate estaba a las puertas de tomar la Presidencia y conseguir una mayoría en el Congreso a prueba de filibusterismos. Aquel año, 'Rocky Horror Picture Show' y 'Alguien voló sobre el nido del cuco' eran dos de las tres películas más taquilleras. La primera era una parodia que utilizaba la revolución sexual de finales de los sesenta para reírse de los puritanos años cincuenta; la segunda estaba basada en una novela del escritor asignado Ken Kesey. Mientras tanto, tres de las siete series más vistas de la televisión tenían una temática liberal y estaban producidas por el icono progresista Norman Lear, incluida 'Todo en familia', una serie construida en torno a un hippie, Mike Stivic, que se reía de la ignorancia de su tradicionalista suegro, Archie Bunker.


"Solo diez años después, el republicano Ronald Reagan acababa de ser reelegido con una de las mayores victorias electorales de la historia americana y su partido había recuperado el control del Senado. Dos de las películas más taquilleras eran 'Regreso al futuro', que ensalzaba los años cincuenta, y 'Rambo II', que culpaba al activismo antiguerra de los sesenta de la derrota en Vietnam. Más revelador todavía era que la fórmula de 'Todo en familia' de utilizar a una juventud motivada por el progresismo de los sesenta para ridiculizar a unos padres arraigados en los cincuenta había sido sustituida en el ranking televisivo por su antítesis: una serie, 'Enredos de familia', cuya juventud inspirada en los cincuenta ridiculizaba el espíritu de los sesenta de sus padres.


"Las tendencias políticas y culturales tipificadas por estos cambios no fueron casuales. Los últimos años setenta y los primeros ochenta marcaron el nacimiento de toda una industria organizada alrededor de una nostalgia idealizada, y en especial del sentimentalismo de la época previa a 1965. Probablemente conozcas bien esta industria porque ha sobrevivido en todo, desde la cadena de restaurantes de carretera 'Cracker Barrel' a los viejos puestos de fotografía de la costa de Jersey, las novelas de Michael Chabon o las miniseries tipo 'Hermanos de sangre' que glorifican el valor de los veteranos de la Segunda Guerra Mundial. Pero ganaron terreno por primera vez con la creación de Los Cincuenta(tm) [tm de trademark, marca comercial] que se hizo en los ochenta...


"Como todos los ganchos comerciales, la venta de los cincuenta empleó la subjetividad, la simplificación excesiva y los estereotipos. Para los periodistas, publicistas, guionistas y consultores políticos de los ochenta, dar con una clave persuasiva para abrirse paso en el cargado ambiente mediático moderno significaba convertir Los Cincuenta en mucho más que un periodo de diez años que había transcurrido entre 1950 y 1959. Significaba utilizar la cultura popular y la política para convertir el estilo, el lenguaje y los recuerdos de esa década en una referencia más amplia de toda la primera mitad del siglo XX, llegando hasta los primeros años sesenta de la Nueva Frontera; esos años optimistas "antes de que disparasen al Presidente Kennedy, antes de la llegada de los Beatles, cuando deseaba unirme a los Cuerpos de Paz y creía que nunca encontraría un hombre más grande que mi padre", como rememoraba un personaje del clásico de los ochenta 'Dirty Dancing'.


"¿Por qué los cincuenta, y no los treinta o los cuarenta, como la fachada de toda la época previa a los sesenta? Porque esa década cargaba con menos antecedentes obvios (por ejemplo, la Depresión o la guerra global) y por lo tanto era más fácil de comercializar en la cultura del entretenimiento azucarado de los despreocupados años ochenta.


"Había retrospectivas como 'Diner', 'Cuenta conmigo' y 'Peggy Sue se casó' y biopics de iconos de los cincuenta como 'Elegidos para la gloria', 'La bamba' y 'Gran bola de fuego'. Había obras de Broadway como 'Recuerdos de Brighton' y 'Desventuras de un recluta inocente', celebrando el honor, la austeridad y la inocencia de los años de la Segunda Guerra Mundial. Y había una saturación de nuevas biografías de Eisenhower.


"Incluso las producciones de los ochenta que no se centraban abiertamente en la nostalgia rememoraban la atmósfera de los cincuenta.


"Estaba 'Único testigo', que utilizaba la historia del periplo de un policía de Philadelphia al muy blanco territorio Amish para contraponer la simplicidad de la tradición pastoral de América a la anarquía criminal de la zona marginal negra de la ciudad.


"Estaban 'Superman' y 'Superman II', películas que reanimaban a un héroe de la televisión de los verdaderos años cincuenta, idealizaban la juventud de Clark Kent a mediados de siglo y pintaban su edad adulta como un anacronismo que vestía sombrero y trataba de salvar a la moderna Metropolis de los peligros del mundo posterior a los cincuenta.


"A través de todo eso, la cultura popular estaba fabricando una memoria fotográfica de los años cincuenta para una audiencia de los ochenta. Una memoria artificial de Los Cincuenta...


"La conexión del 'Gipper' [Reagan] con Los Cincuenta no se basaba solo en su éxito como actor de películas de serie B de mediados de siglo ni en su tupé de 'American Graffiti'. Los cincuenta habían definido en gran medida su persona, su carrera y su mensaje. Ahí estaba "el candidato de la nostalgia, un concertista político cuyo instrumento data de una banda antediluviana", como escribió The Washington Post en 1980. Ahí estaba un hombre haciendo campaña para Presidente a finales de los setenta y principios de los ochenta llamando al país a ir atrás en el tiempo. Y no solo unos pocos años atrás en el tiempo, sino muy atrás en el tiempo a los días de ensueño anteriores a lo que él llamaba "los años difíciles" de finales de los sesenta"...


"El revisionismo y la caricatura giró sobre tres temas clave, cada uno de los cuales denigraba los años sesenta como 100 por cien espantosos.


"El primero era el más político de todos, el patriotismo. El amor al país, la lealtad a América y la unidad nacional eran memes que Reagan había estado utilizando para reprender a los sesenta desde su primer salto de Hollywood a la política.


"Durante su primera campaña a gobernador de California, se presentó con un programa que prometía machacar a "la pequeña minoría de beatniks, radicales y defensores del lenguaje obsceno" de la Universidad de Berkeley que protestaban contra la guerra de Vietnam. Como Presidente, llamó a los manifestantes antinucleares (como Steven y Elyse Keaton en la primera temporada de 'Enredos de familia') traidores "que pondrían a EEUU en una posición de inferioridad militar y moral".


"La industria del entretenimiento de la época siguió con películas hipermilitaristas que culpaban a los activistas antiguerra de la derrota de América en Vietnam y con retrospectivas de revistas que básicamente insinuaban que los movimientos sociales de los sesenta eran antiamericanos. Un ejemplo, un artículo de Newsweek de 1988 titulado "Una década de conmoción" citaba el hecho de que "el patriotismo está otra vez de moda" como prueba de que el país había rechazado los sesenta y que los sesenta fueron unos años totalmente antipatrióticos.


"Para los adolescentes, Los Cincuenta(tm) fueron utilizados para vandalizar Los Sesenta(tm) [la época de sus padres] a través de una competición entre los Beatnik [los bohemios de los sesenta] y los Greaser [los moteros de los cincuenta] por ser los más guays de los ochenta. Como relata el historiador Daniel Marcus, los primeros fueron definidos como "intelectuales de centro-izquierda de clase media de Nueva York y San Francisco"; es decir, la imagen genérica del liberalismo débil, amanerado, snob de cafetería relacionado con nombres como Hart y Dukakis. Mientras, el Greaser fue conocido como un vaquero urbano, "un tipo duro al que le gustan los coches, las chicas y el rock 'n roll, que es de clase trabajadora y generalmente blanco étnico no judío y decididamente no intelectual".


"Pensad en ídolos como Fonz, Bruce Springsteen y Patrick Swayze; películas como 'La fiebre continúa', las secuelas de 'Rocky', 'Rebeldes' o 'Black Jackets. Días felices'; bandas como Bon Jovi, Guns 'n Roses y Poison; sin olvidar la repentina moda de los pantalones vaqueros rotos y las camisetas blancas ajustadas.


"Para los adultos que experimentaron los verdaderos cincuenta y sesenta, la propaganda debía ser algo menos abierta para ser convincente. Así que sus recuerdos fueron moldeados más sutilmente con la llegada de una forma de vida cuya misión sería absolver a la generación hippie por su conversión en los adultos comprometidos y despolitizados contra los que una vez habían protestado.


"Esta irresistible especie se dio en llamar yuppies, una abreviatura para jóvenes profesionales urbanos (young urban professionals, yup).


"La invasión de los yuppies y todos sus requisitos en gustos, estilos y lenguajes comenzó oficialmente cuando Newsweek declaró 1984 como el Año del Yuppie, a lo que le siguió la publicación del 'Manuel del Yuppie' y la campaña presidencial de Gary Hart, un candidato de nueva generación que parecía llevar una copia del volumen en el bolsillo de su camisa. Unos meses después, Adweek citaba a ejecutivos de las grandes cadenas de televisión que decían que su objetivo era "perseguir con rabia a los yuppies", una predicción que se hizo real según un reportaje de 1987 de Rolling Stone sobre una serie de programas que la revista llamó Yuppievision. Para 1988, un trajeado Michael J. Fox comiendo sushi salía en la portada de la revista Esquire dedicado enteramente a la "Clase Yuppie"".


Así es como se consigue
que los estadounidenses rechacen las complicaciones y dilemas de los sesenta y setenta y abracen sin reparos el simple futuro capitalista. ¿Todo planeado? Sirota opina que sí.

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